El pasado 17 de junio, varias organizaciones sin ánimo de lucro y de derechos civiles se unieron para pedir a todas las grandes empresas parar sus campañas publicitarias en Facebook e Instagram. El objetivo de esta iniciativa llamada Stop Hate for Profit, es la de presionar a las plataformas de redes sociales para atajar los problemas en sus prácticas de moderación de contenido. Se pretende sobre todo abordar el problema de los discursos de odio habituales en estas redes.
Crecimiento del boicot publicitario contra Facebook
Durante las 2 últimas semanas el movimiento ha ganado adeptos. Hace 2 días se unió Starbucks a empresas como Unilever, Verizon y Coca-cola. Más de 160 empresas se han unido ya a la campaña o bien haciéndolo de manera explícita o anunciando la suspensión de sus anuncios en la plataforma de Mark Zuckerberg durante el mes de julio.
Este movimiento ha llegado durante la escalada de violencia en Estados Unidos tras las movilizaciones y protestas por la muerte de George Floyd en una detención violenta de la policía. Floyd era un hombre afroamericano estadounidense de 46 años que soñaba con rehacer su vida tras varios años difíciles entre arrestos y encarcelamientos varios. Murió por asfixia tras ser esposado y ser presionado contra el pavimento con la rodilla del oficial Derek Chauvin durante casi 9 minutos.
Ahora, la campaña Stop Hate for Profit (Detén el odio con fines de lucro) pretende capitalizar estos momentos convulsos que está viviendo la historia norteamericana. La organización pregunta con retórica a través de su Web ¿Qué harías con 70 mil millones de dólares americanos? En una breve introducción en esta misma Web denuncia que el dinero recaudado en publicidad por Facebook ha servido para incitar a la violencia contra manifestantes que luchaban por la justicia racial en Estados Unidos a raíz de George Floyd, Breonna Taylor, Tony McDade y otros muchos.
Facebook víctima de sus políticas improvisadas
Toda la atención se ha centrado en la plataforma social californiana tras muchos meses de decisiones polémicas en las que se ha distanciado de las iniciativas de moderación propuestas por otras plataformas como Twitter. Facebook ha reiterado en los últimos meses no querer ser árbitro de la verdad de todo lo que se dice online al tiempo que se ha visto forzada a retirar anuncios por incitar claramente al odio. La compañía de Zuckerberg ha dado repetidas muestras de solo actuar en función de cómo les sopla el viento, mostrándose claramente incapaz de elaborar políticas de moderación propias, razonables o consecuentes con una manera de pensar.
La realidad es que Facebook si ha generado los 70 mil millones de dólares americanos de beneficio que denuncia Stop Hate for Profit. Lo ha hecho gracias a mantener una posición ambigua mientras que se negaba a ejercer ningún tipo de responsabilidad por publicaciones que contienen odio o discriminación. Tras años de importar poco la netiqueta en internet, este concepto empieza a cobrar fuerza justo cuando las plataformas tecnológicas comienzan a ver comprometidos sus ingresos por publicidad. La reacción de Facebook tras este boicot de Stop Hate for profit parece forzada y sus declaraciones ante las continuas presiones cada vez más peregrinas. Quedará por ver si este movimiento y futuras presiones similares puedan hacer peligrar el futuro de la red social.