Recientemente, viendo a David Broncano dirigirse a su invitada Michelle Jenner con la pregunta directa de si «había cagado recientemente», reflexioné sobre hasta qué punto algunos humoristas han llegado a depender exclusivamente de lo escatológico y lo vulgar como único recurso, sin mostrar un verdadero ingenio o creatividad. Fue entonces cuando comparé épocas y recordé el humor británico de los años 80, que me marcó profundamente en mi infancia.
Habiendo crecido en el Reino Unido, tuve el privilegio de estar expuesto a una rica tradición de comedia televisiva que se distinguía por su ingenio y meticulosa elaboración. Desde el humor absurdo y lingüístico de The Two Ronnies hasta la sofisticación de Fawlty Towers, la comedia británica ha sabido construir situaciones hilarantes a través de diálogos brillantes y guiones cuidadosamente trabajados. Incluso producciones de presupuesto modesto, como ‘Allo ‘Allo!, lograban destacar gracias a su aguda escritura, su ritmo vertiginoso y sus personajes extravagantes.
La televisión británica ha explorado una amplia gama de estilos cómicos, desde la irreverencia anárquica de The Young Ones hasta la sátira política y social de Spitting Image. También hubo espacio para la comedia física y el slapstick, representados magistralmente en Some Mothers Do ‘Ave ‘Em. En esta serie, Michael Crawford interpretaba a Frank Spencer, un personaje torpe pero entrañable cuyas desventuras, realzadas por sus propias acrobacias y escenas de acción, reflejaban una esencia clave del humor británico: la risa nacida de la adversidad. Por otro lado, Spitting Image llevaba la sátira a otro nivel mediante marionetas grotescas que caricaturizaban a figuras públicas con un humor afilado y provocador.
Para un ejemplo perfecto de ese humor elaborado e ingenioso, me suele venir a la cabeza el famoso sketch de Mastermind, basado en un concurso de televisión real del mismo nombre. En el sketch, el concursante responde a la penúltima pregunta en lugar de a la actual, lo que genera un encadenamiento de respuestas absurdas que juegan con el doble sentido y la inteligencia del espectador.
Entrevistador: Y así, pasamos a nuestro primer concursante. Buenas noches. ¿Su nombre, por favor?
Concursante: Buenas noches.Entrevistador: Tu tema elegido era responder preguntas antes de que fueran formuladas. Esta vez, has elegido responder la pregunta anterior a la última, ¿correcto?
Concursante: Charlie Smithers.Entrevistador: ¿Qué es paleontología?
Concursante: Sí, es correcto.Entrevistador: ¿Cuál es el nombre del directorio que enumera a los miembros de la nobleza?
Concursante: Estudio de fósiles antiguos.Entrevistador: ¿Quiénes son Len Murray y Sir Geoffrey Howe?
Concursante: Burke’s. (Juego de palabras con «Burk», que significa «imbécil»).Entrevistador: ¿Cuál es la diferencia entre un burro y un asno?
Concursante: Uno es líder sindical, el otro es miembro del gabinete.Entrevistador: Completa la cita: «Ser o no ser…»
Concursante: Ambos son lo mismo.Entrevistador: ¿Por qué es famoso Bernard Manning?
Concursante: Esa es la cuestión.Entrevistador: ¿Quién es actualmente el arzobispo de Canterbury?
Concursante: Un hombre gordo que cuenta chistes verdes.
Mientras tanto, en España, figuras como Miguel Gila demostraba que el humor podía ser inteligente y efectivo cuando se basaba en la creatividad y la observación de la realidad. Su humor estaba basado en un guion bien elaborado y en la incorporación de elementos surrealistas en situaciones que marcaron a una generación. Algunos humoristas de actualidad han llegado a decir que Gila logró unir a las dos Españas a través de su humor, utilizando la sátira para exponer lo absurdo de ciertas divisiones sociales y políticas. Su estilo permitía reírse de lo trágico y convertirlo en algo accesible para todos. En tiempos actuales, quizá nos haría falta una figura similar que nos ayudara a ver con humor crítico cómo la tecnología y las redes sociales han cambiado nuestra forma de relacionarnos y entender el mundo. En su icónico monólogo ¿Es el enemigo?, Gila recurría al absurdo para ridiculizar la guerra, convirtiendo un tema cruel y doloroso en un motivo de risa. Además, su capacidad de transformar la tragedia en humor sin recurrir a la vulgaridad lo convirtió en un referente del llamado ‘humor blanco’, un tipo de comedia que no necesita de lo soez para hacer reír, sino que se apoya en la inteligencia y la sátira.
La influencia de la sociedad de la información
La sociedad de la información ha jugado un papel clave en esta transformación. En una era donde el contenido se consume de forma inmediata y efímera, el humor también ha tenido que adaptarse a estas nuevas reglas. Antiguamente, los programas de comedia tenían tiempo para desarrollar narrativas, personajes y situaciones con un desarrollo estructurado. Hoy, el público está acostumbrado a consumir contenido en dosis rápidas y de impacto inmediato. La inmediatez y la cantidad priman sobre la calidad y la profundidad.
Redes sociales como TikTok, Twitter o Instagram han fomentado un tipo de humor instantáneo, de reacción inmediata, donde la elaboración de un chiste pasa a un segundo plano. El humorista ya no necesita construir una historia o un sketch complejo: basta con una frase chocante, una referencia a la cultura pop o un meme para captar la atención del espectador.
¿Una evolución o una degeneración?
La cuestión de si este cambio supone una evolución o una degeneración es subjetiva. Para algunos (como yo), el humor de antes representaba un arte más elaborado, basado en el ingenio y el dominio del lenguaje. Para otros, el humor actual refleja mejor el espíritu de nuestra época: espontáneo, desenfadado y adaptado a los ritmos de consumo modernos.
Lo que es innegable es que la manera en la que nos reímos ha cambiado. Para algunos, esto ha significado una pérdida de la esencia del humor, que ha pasado de ser un ejercicio de creatividad y agudeza a una sucesión de estímulos rápidos, donde la cantidad prima sobre la calidad. Quizás en unas décadas volvamos a valorar el humor trabajado, o quizás sigamos avanzando hacia formas de comedia aún más inmediatas y carentes de profundidad. Lo cierto es que el humor siempre será un reflejo de la sociedad en la que vivimos, y ahora parece estar atrapado en la misma lógica de la viralidad y el consumo efímero que domina nuestro tiempo. Mientras tanto, tendremos que conformarnos con preguntas sobre la regularidad intestinal de los invitados como máxima expresión del ingenio televisivo.
Deja un comentario